¡Es tu culpa! Es enteramente tu culpa y yo no tuve nada que ver con esto. Bueno, tal vez un poco. Pero al final todo es culpa tuya. Es increíble que intentes lavarte las manos sabiendo que es tu culpa. Porque lo sabes. Sabes que es tu culpa. Que tú fuiste la que empezó todo. Por eso es tu culpa, porque así fue y así sigue siendo. Tú empezaste. Tú dijiste. Tú mandaste. Tú hiciste. La responsabilidad está, enteramente, en tus manos.
En tus manos.
En tus labios.
En tus ojos.
En tu sonrisa y en tus piernas.
En tus besos que quiero que nunca se acaben.
En tus brazos que me sostienen cuando desfallezco.
En tu pelo.
Sí, tu pelo. ¿Por qué? Porque huele rico.
Porque huele a tí.
¡Sí! ¡En tu aroma también!
Es tu culpa. Es tu culpa que esté loco por tí. Es tu culpa por ser así conmigo. Por ser la mejor que pueda alguien querer. Es tu culpa. Es tu culpa por elegirme a mí. Es tu culpa por desearme buenas noches. Es tu culpa por decirme que me amas.
Es tu culpa. Es tu culpa. Es tu culpa.
Es tu culpa, y, ahora que lo pienso,
me encanta que sea culpa tuya y no de nadie más.
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