Cuando los franceses se levantaron contra la monarquía y establecieron su gobierno redactaron lo que se llamaría la Déclaration de Droits de l'Homme et du Citoyen, la Declaración de derechos del hombre y del CIUDADANO. Es evidente que ésta declaración no era perfecta, y que tenía sus fallas (algunas bastante grandes), empero, eso no es lo importante. Lo importante es que la carta redactada en la Asamblea nacional le garantizaba una serie de derechos a los hombres que habitaban la Francia revolucionaria, unos derechos fundamentales que se convertirían en la base del DIH. Me refiero a esta carta porque la primera persona en traducir tan importante carta fue un colombiano, Antonio Nariño. Es decir, que hace doscientos años, más o menos, había en estas mismas tierras un hombre que luchaba por los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que hoy aún anhelamos.
La declaración fue un éxito total y su influencia no ha de negarse, pero, en mi opinión les faltó algo a los franceses. Las obligaciones del mismo ciudadano que defendían. Si buscamos ese estado de Liberté, Egalité et Fraternité, es necesario que no sólo se nos concedan derechos por parte de los mandatarios. Es necesario actuar de una manera determinada. Soy un "primivotante" que votó, ambas veces, por Antanas Mockus. No lo hice por moda, no lo hice porque no había más, no lo hice en un acto de rebeldía hacia mi familia fervientemente uribista. Lo hice porque hay una sola cosa que, me parece a mí, hacía la propuesta del Partido Verde la mejor de estas elecciones. Coincidencialmente, esta propuesta era la que reunía, en mi opinión, la actitud que debe tener el ciudadano. Son dos palabras que parecen perder sentido de ser repetidas tantas veces: cultura ciudadana.
Cultura ciudadana significa poder decir que no a una acción ilegal o, yendo un poco más lejos, poco ética (basados en principios universales de ética y no en ningún código religioso) no por el temor a una condena (sea divina o terrenal), sino porque nuestra propia voluntad nos demuestra que es incorrecta. Cultura ciudadana es acabar con la Epidemia de excusas de la que habla Pirry a cada rato. Cultura ciudadana es no decir: "Me pasé en rojo y no me vieron, soy un avión" o "Me robé cien pesos de un pendejo que botó las monedas en el bus." Sí, cien pesos no son nada. Pero no son suyos. Esos cien pesos son de una persona que puede que ni siquiera los extrañe, pero no suyos. El punto de esta entrada va a que sí, los ciudadanos tenemos derechos y somos libres de exigir que se nos cumplan. Es más, en parte es nuestra obligación hacerlo. Pero también tenemos una serie de responsabilidades con nuestra sociedad. Reglas tan básicas que son comunes a la mayoría de credos y sociedades por más "primitivas" que sean.
No robes.
No mates.
No ataques.
La cultura ciudadana me hizo elegir a Antanas. La cultura ciudadana hizo que un miembro de mi familia dijese: "Sí, está loco, pero sus ideales son lo que necesita un país." La cultura ciudadana es la que falta cuando se entregan puestos por favores, cuando se perpetúa la impunidad, cuando se miente para lograr objetivos egoístas.
Voté por Antanas Mockus y lo volvería a hacer. Pertenecí a la Ola Verde y lo volvería a hacer. Me monté a los buses a hacer propaganda política con una camiseta verde chillón y un montón de manillas y papelitos y también lo volvería a hacer. Porque me dí cuenta de que desde que aprendí de la cultura ciudadana cruzo la calle por la cebra, sin importar cuánto afán tenga. Es un logro insignificante para muchos, pero es un paso a ser un mejor ciudadano. A trabajar por una mejor comunidad, una mejor ciudad y, eventualmente, un mejor país.
Voté por Antanas Mockus, porque dijo la verdad, porque nunca le temió a equivocarse, porque demostró ser el más grande de los candidatos, y voté por Antanas Mockus porque me enseñó a caminar por la cebra.
Muchas gracias, Antanas.